Adentrarse en la frontera del desierto

Juan Carlos Bermúdez (bermudezart)

Una película clara para un problema oscuro, “Desierto” (2015) de Jonás Cuarón aborda el tema de la migración en la frontera norte de México con un guion que incluye pocos elementos: el desierto, la confrontación de dos pueblos, la diferencia animal, la persecución, la guerra personal. Si bien la narrativa está llena de metáforas, se trata de una película que asume con elegancia la cultura visual establecida: cercana al slasher que desarrolla una cacería humana, no recurre de manera excesiva a escenas donde la violencia despierta el morbo, propio del género. La decisión de no recurrir a narrativas laberínticas responde a la idea de aproximar la película a un número significativo de público, sin intenciones de llegar a ser una producción de culto. Accesible al estadounidense promedio quien, enganchado en la acción que lo entretiene, se puede preguntar sobre si es una realidad que se vive en la frontera. Toca al mexicano promedio que puede considerar cómo parientes o amigos han afrontado el riesgo que implica cruzar la frontera.

Frame – “Desierto” (2015) Jonás Cuarón

Lo diáfano de la película no suprime cierta opacidad en la denotación de algunas alusiones. El protagonista se llama Moisés, quien enfrenta un éxodo por el desierto. El cruce se realiza por la ruta del “Deshuesadero” y no por el convenido “paso del sol”. La frontera aparece señalada solamente por una alambrada que separa de manera arbitraria un llano que es igual en los dos lados. Desarrollar la trama en un espacio liminal, donde el hombre se enfrenta a los elementos y la justicia se equipara a la supervivencia: “— que te mate el desierto”, Moisés victorioso no dispara sobre el vencido.

La cacería humana, esa disolución de lo humano en manos de los hombres, no es un hecho excepcional o de ficción, sino que hace parte del holocausto que se vive en las fronteras mexicanas y “Desierto” contribuye a darle forma visualizando lo que transcurre silenciosamente en un espacio sin testigos. No desaparece del hombre la capacidad de hacerle mal a los de su especie. El holocausto judío bajo el régimen Nazi dio para cuestionar la condición humana y se puede relacionar con la reflexión realizada por Didi-Huberman (2014)[1]. Trazar una diagonal de pensamiento sobre el ensayo “Pueblos expuestos, pueblos figurantes” permite que, en su intersección con “Desierto”, aparezca una huella de pensamiento resultante de atravesar los pliegues creados por este gesto de encuentro. Didi-Huberman toma como partida la confluencia de la Shoá, de la “catástrofe” sufrida por el pueblo hebreo bajo el dominio Nazi, como relato de contraste acerca de la inhumanidad, del mal inimaginable que puede hacer el hombre al hombre, o mejor enunciado, desde lo plural del nosotros: el mal que una comunidad, que un pueblo, puede ejercer sobre otro. Jonás Cuarón emprende una empresa similar en su película de una cacería humana en la frontera sur estadounidense, haciendo propia la necesidad de restituir la imaginación frente al sentimiento sofocante de lo inimaginable; en una ficción construida por dos personajes, reconstruye la confrontación de un pueblo que busca desconocer a otro.

Imaginación y ficción se pueden anudar con la fantasía, vinculando al relato con la irrealidad del espectáculo. Este lío puede derivar en el gusto mórbido de sentir terror sin riesgo alguno, proyectarse en la proyección, al punto que habrá quien se identifique con las victimas y otros con el victimario. El asesinato puede ser banalizado al establecerse como tema gratuito y recurrente en una película, vinculándose, y explotando la dimensión oscura del humano, su parte demencial que está latente y a la sombra, pero atractiva cuando aparece despertando el morbo. Las intenciones del director van hacia otro lado y lo indican las contradicciones que puede sembrar, al fomentar la primacía de la imagen sobre la palabra, para despertar una posición participativa y crítica del observador.

Su elección y manejo del lugar, el desierto, geografía sublime en la que coincide lo intemporal y el instante final de la muerte, el hombre enfrentado con naturaleza es a la vez sorprendido por el francotirador. La víctima tiene siempre un velo que secretamente la aproxima al mártir y bien puede ser un modesto héroe. Morir no es la pulsión, es una posibilidad asumida desde el momento que se toma la decisión de cruzar la frontera a través del desierto. El migrante es alguien que decide asumir el riesgo y esta capacidad de decisión lo humanizan. Una película donde los diálogos son escazos cede a las imágenes la capacidad de trabajar para que el lenguaje se encuentre con su visibilidad, provee de una “legibilidad inadvertida” (Didi-Huberman, 2014, p. 17) provocada por las selecciones del director y desarrollada por el observador dispuesto a participar de tal sugestión. La construcción discursiva programada desde el guión donde abunda lo contradictorio, invita constantemente a participar en una legibilidad que supere lo descriptivo y restituya el vinculo del observador con la producción de sentido motivada por la imagen. El heroismo que resulta del ejercicio de las decisiones es matizado por la libertad condicionada por la motivación: la modestia del héroe resulta de responder a impulsos, deseos, temores y expectativas que lo disponen a la seducción, a la sobreexposición del pueblo dominante que se ha mostrado como lugar de oportunidades. Frente a una cotidianidad de carencias, es fácil elaborar una ensoñación resultado del consumo de un capitalismo estético que siembra la idea de una democratización del deseo que puede satisfacer “…la búsqueda de placeres instantáneos, el gusto por experiencias efímeras y sensitivas, el descubrimiento de ambientes embriagadores” (Lipovetsky & Serroy, 2015, pág. 327)[2].

La pregunta sobre qué es ser humano no puede ser una pregunta envejecida y Jonás Cuarón (al igual que Didi-Huberman) se la plantea al buscar parcelas de humanidades, espacios dónde ver a los homínidos creativos y pensantes, los individuos pertenecientes a un género y a la vez diferenciados de la biología por la capacidad que tienen de preguntarse sobre la vida, “cuerpos que hablan y actúan”, constituyendo “una multitud sin número de singularidades”, comunidades donde pueda darse “la reciprocidad de seres diferentes”. Pensar el espacio político de las comunidades “como la red de los intervalos que empalman las diferencias unas con otras” (Didi-Huberman, 2014, pp. 22-23). Y en el espacio liminal del desierto, el grupo de caminantes reproduce la solidaridad comunitaria, a la vez que refleja la inequidad con un patrón invisible o con un hombre que abusa de su jerarquía de ser “responsable” de la mujer. A la vez, este pueblo mexicano, figurado en la película, es abatido en una batalla desigual donde un individuo puede convertirse en una máquina de guerra capaz de masacrar grupos de migrantes.

Frame – “Desierto” (2015) Jonás Cuarón

El terrorismo de estado ha dejado de ser parte de la confrontación en la guerra fría que pretendía mantener un equilibrio entre dos bloques, prolongando la disuasión nuclear en la multiplicación de crímenes políticos y terrorismo individual, como lo planteaba Paul Virilio (1997)[3], apareciendo como la realidad actual su visión profética, donde

…la defensa nacional ya no es únicamente esa “liberación de la guerra” de quienes resisten a un invasor superior en número y armamento; se trata ahora, próximamente, de la liberación del crimen, la formación de asesinos de masas, asesinos paramilitares, criminales patentados, comprometidos en “unidades terroristas” (págs. 164-165).

Quienes cruzan por “Deshuesadero” no sobreviven, es de conocimiento de los polleros y es el riesgo que presienten los migrantes, quienes saben del peligro que implica cruzar la frontera: el cementerio de Hotville lo atestigua, donde en la mayoría de los casos acaban asumiendo el nombre de Jane o John Doe[4]. El terrorismo funciona, superando la institucionalidad de la guardia fronteriza. Los vigilantes y su culto a las armas, se constituyen en comandos individuales. Sam, el cazador de inmigrantes en el desierto, se da el lujo de escoger como emblema la bandera confederada y un fusil elegido por su nostalgia simbólica, ya que el M1 Garand, si bien continúa siendo un arma de fuego civil popular, era la dotación de la que dispuso la infantería en la Segunda Guerra Mundial, Corea y Vietnam. La manera como está constituido este personaje, lo propone como alguien que maneja la instrucción que lo capacita para matar, dentro de una sociedad armada, construida sobre la necesidad de defensa de enemigos extranjeros acechantes, que lo capacita para ejercer su superioridad como máquina de guerra que maneja armamento y la estrategia geográfica, contrastando con guías desprovistos de mapas. Pero nada indica en el pasado de Sam lo que puede aparecer en personajes como Rambo que hacen de la guerra un continuo cotidiano. Sam, como los vigilantes de Texas, construye su propia empresa del terror bajo su propia idea de legalidad.

Frame – “Desierto” (2015) Jonás Cuarón

Otra ruta de interpretación de la película se encuentra trazada por el perro, planteando los matices frente a la animalidad. Simbiosis en la unidad terrorista, es a la vez la fuerza violenta desmedida del animal que pone en evidencia la fragilidad de lo humano. Paradójicamente, se coloca en la mitad entre quien ejerce el poder que lo constituye en máquina de guerra y débiles hombres-presa, a la par de conejos o corderos que mueren desangrados por el cuello destrozado a dentelladas. No es fácil entender la escena donde Traker, el pastor belga malinois, muere abatido por una bengala en el hocico que lo hace arder después de una confrontación desesperada, donde la presa Moisés restituye la diferencia de una humanidad portadora del fuego y victoriosa sobre lo animal.

La desértica película se enriquece en diferentes niveles narrativos y simbólicos, articulando una red de contenidos sobre los cuales reflexionar sobre el mundo actual, la problemática de la migración o la vigencia del estatuto humano, recordando que es inaceptable la incapacidad de elaborar pautas de tolerancia y que se imponga la despreocupación de conocer el mundo para relacionarse amablemente con lo otro y los otros.

[1] Didi-Huberman, G. (2014). Pueblos expuestos, pueblos figurantes. Buenos Aires: Manantial.

[2] Lipovetsky, G., & Serroy, J. (2015). La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico. Barcelona: Anagrama.

[3] Virilio, P. (1997). Un paisaje de acontecimientos. Buenos Aires: Paidós.

[4] John Doe, Jane Doe o Baby Doe, son sustitutos Estadunidenses a N.N. (nomen nescio – desconozco el nombre). A quince kilómetros de la ciudad fronteriza de Mexicali se encuentra el cementerio de la ciudad californiana de Hotville, en donde se encuentran sepultados las victimas desconocidas de la frontera que intentaron pasar por una ruta que alcanza los 50ºc y expuesta a la violencia del narcotráfico entre otras condiciones.

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s